TEMAS: Síndromes de la tecnología (1/2)

Los teléfonos inteligentes se han convertido en un artilugio imprescindible en el día a día con el desarrollo de todo tipo de aplicaciones que facilitan las actividades rutinarias, además del ‘boom’ de las redes sociales o de juegos como el reciente Pokémon GO, fenómenos que han hecho que los celulares se usen a edades cada vez más tempranas.

 

Afecciones como la nomofobia, la cibercondría o el denominado síndrome Google, son algunos de los problemas surgidos a partir de la dependencia de internet y la tecnología móvil que ha desarrollado un gran número de personas.

 

Pero ni el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM, por sus siglas en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) de la American Psychiatric Association (APA), ni la Organización Mundial de la Salud, las reconocen como patologías al mismo nivel que adicciones con sustancia como la ludopatía. Sin embargo, es un hecho que los trastornos derivados del uso de internet y la telefonía móvil son cada vez más frecuentes.

 

Problema difícil de reconocer

Entre los trastornos derivados de la expansión de internet y las nuevas tecnologías destaca la nomofobia (del inglés nomophobia, «no mobile phobia»), el miedo a estar incomunicado sin teléfono móvil, que se caracteriza por la ansiedad que provoca no encontrar el dispositivo, que este no tenga cobertura o que se quede sin batería.

 

«La adicción a las tecnologías no está recogida en los manuales de diagnóstico, pero sí es verdad que son casos que van llegando cada vez con más frecuencia», reconoce el doctor en psicología José Antonio Molina, quien como otros profesionales ha recogido algunos casos, sus síntomas y tratamientos en manuales y libros sobre adicciones.

 

«Los casos que llegan a consulta tienen que ver, principalmente, con el uso de la telefonía móvil e internet por parte de adolescentes y son los padres los que acuden con frecuencia a buscar la ayuda de los especialistas, aunque los casos en los que se reconoce tener un problema son muy puntuales», según el psicólogo.

 

«Reconocer que existe un problema, que se sufre una adicción, siempre es complicado», explica Molina, quien cree que la falta de datos en relación con estos trastornos vinculados con el uso de internet y el teléfono móvil se debe a que es mucho más difícil admitir que existe una adicción cuando se trata de una que no es tan evidente como las adicciones con sustancia (alcohol o drogas).

 

Jose Antonio Molina participó en el primer estudio realizado en España sobre los hábitos de las personas a la hora de utilizar el teléfono móvil. «Aquel Control de movilemía reveló datos curiosos, como que un tercio de los encuestados prefería perder un avión a su teléfono móvil o que incluso manteniendo relaciones sexuales atendían al teléfono», comenta el especialista.

 

Educar para prevenir

Internet se convierte en un riesgo cuando se pretende, de forma obsesiva, que sea la solución a todos los problemas y la respuesta a todas las preguntas, y deriva en casos de «cibercondría», que consiste en recurrir a la red para el autodiagnóstico de enfermedades y para encontrar los posibles tratamientos, sin acudir al especialista, indica José Antonio Molina.

 

«Las visiones más alarmistas apuntan a que el ‘síndrome Google’ podría derivar en una limitación de las capacidades intelectuales y una modificación de la conducta de quien recurre para todo al buscador y deja de hacer esfuerzo para memorizar datos o descarta hacer preguntas, para comprender ideas o conceptos con la certeza de que la respuesta la encontrará más adelante en internet», indica el experto.

 

La gravedad de la adicción a internet y al teléfono móvil «depende del caso, de la intensidad con la que se lleva a cabo y la obsesión que se tenga», dice Molina, que con frecuencia acude a dar charlas en centros educativos para explicar los factores preventivos sobre la utilización del teléfono móvil.

 

Continúa mañana…

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