Control de cambio allana la vía
para acabar con el consumismo

Con la frase «ser rico es malo» se inició la batalla para cambiar el patrón de consumo

El Universal.-Una asociación de niños autistas que compraba por Internet medicinas ya no puede hacerlo por la reducción del cupo, una madre que le prestó la tarjeta de crédito a su hijo para que ganara una medalla de oro en el Mundial de Kung Fu y una viajera que enfrenta cargos penales por presuntamente utilizar mal su asignación de dólares, surgen como los perjudicados por los intentos del Gobierno de evitar el consumismo del venezolano.

Desde el histórico «¡ni un dólar para importar Hummer!», pasando por el llamado a no gastar las reservas internacionales en whisky y a dejar de comer pan de trigo, el Gobierno ha probado varias fórmulas para dar con la meta de evitar el consumo innecesario.
El ministro de Economía y Finanzas, Alí Rodríguez Araque, destacó que se trata de cerrar el capítulo de los efectos perversos de la renta petrolera y su abundancia. Al ser consultado sobre qué es lo que el Ejecutivo considera un consumo innecesario, el titular de las finanzas indicó que se traduce en vivir en mansiones, tener un Mercedes- Benz, los viajes a DisneyWorld, «la codicia, los valores estúpidos en el ser humano».

Al respecto, unos meses antes el ministro de Planificación y Desarrollo, Haiman El Troudi, señalaba que el consumo innecesario es aquel que surge una vez satisfechas las necesidades básicas, entendidas como los alimentos, vestido y calzado, vehículo, distracción, restaurantes y viajes.

Pero la lucha contra el consumismo no sólo se ha centrado en eliminar el lujo, sino que en esa búsqueda el Gobierno ha determinado no solo en qué gastar sino también cómo hacerlo.

En este contexto, la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) ha fungido hasta los momentos como el brazo ejecutor más efectivo de esta política que busca evitar el consumismo y bajar el gasto en lujo.

El control de cambio, que ya cumplió seis años, ha restringido paulatinamente la posibilidad de la población de comprar en el extranjero y de cubrir los gastos en viajes, los mismos que el ministro El Troudi indicaba que forman parte de las necesidades básicas de la población.

Tras una expansión en la asignación de divisas a los turistas, luego el Gobierno cambió de idea y estrechó fuertemente las posibilidades de utilizar monedas diferentes al bolívar.

A finales de 2007 Cadivi anunció que se eliminaba el uso de las tarjetas prepagadas en el exterior. La Asociación Nacional de Usuarios y Consumidores (Anauco) consideró que la medida era altamente discriminatoria porque implica que cerca de 80% de la población -porcentaje que no tiene acceso al dinero plástico- no podrá viajar o adquirir bienes en el exterior, al igual que impide que las personas menores de 18 años o mayores de 60 años de edad tengan acceso a dólares a precio oficial porque los bancos no autorizan tarjetas de crédito a estos grupos etarios.

Pero también en ese año para 20% de la población que sí cuenta con estos instrumentos cambió la realidad porque Cadivi redujo el cupo para compras por Internet desde 3.000 a 400 dólares, aunque mantuvo el de viajeros en 5.000 dólares.

No obstante, a finales del año pasado se anunció que la asignación anual de divisas para los venezolanos en el exterior bajaba a 2.500 dólares, el retiro mensual a través de los cajeros electrónicos se reducía a la mitad (250 dólares), el adelanto de efectivo pasaba de 600 a 500 dólares y de 500 a 400 euros.

Tales restricciones, unidas a que Cadivi regularmente abre procesos administrativos contra quienes supuestamente utilizaron mal los dólares, impulsaron a más de 1.500 personas a demandar a la comisión por violar los derechos ciudadanos.

Pero los ensayos para cambiar el patrón de consumo, además de las recordadas frases del presidente Hugo Chávez sobre quitarse de la mente «el diablo del dinero» porque «ser rico es malo», se iniciaron con la necesidad de sustituir los alimentos importados por otros de producción nacional.

Los experimentos comenzaron con el llamado a consumir alimentos de origen local que terminó a fines de 2007 con la orden a la industria de pastas a emplear harina de arroz o maíz en 15% de su producción para sustituir, aunque sea parcialmente, la importación de trigo.

A partir de allí el Gobierno ha hecho reiterados llamados a producir pan de yuca, maíz o arroz, al tiempo que se ha centrado en la instalación de industrias procesadoras de plátanos, mandioca y yuca. Para evitar las importaciones de pulpa de frutas que no se producen en el país, cuando el Estado adquirió Lácteos Los Andes, Chávez llamó a elaborar jugos de guayaba y papelón, entre otros.

Todo como parte del plan que busca desde hace años, aunque aún sin éxito, cambiar el patrón de consumo del venezolano.

POR:

Suhelis Tejero Puntes


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